Los tarotistas new age han dicho que se trata de una herramienta de autoconocimiento. Los considerados brujos sostienen que es una puerta al más allá. Court de Gebelin aseguró que se trataba del libro del dios egipcio Thot. Y Philippe Camoin – socio de negocios de Alejandro Jodorowsky – asegura que se trata de una creación de la mismísima María Magdalena.

Ocultistas, echadores de fortuna e incluso psicólogos han utilizado estas cartas con los más diversos fines, pero ¿Qué es en verdad el Tarot?

El Tarot es una baraja de 78 cartas divididas en 22 Triunfos y cuatro series o palos similares a los del naipe español, de 14 cartas cada una. Los primeros registros concretos del Tarot se remontan a la Italia del siglo XV, como un juego de mesa que luego se difunde en toda Europa, no siendo utilizado con fines adivinatorios sino hasta tres siglos más tarde.

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Hasta aquí es todo cuanto se puede afirmar objetivamente sobre el tarot. Cualquier afirmación fuera de estos hechos cae en el campo de la especulación, y por ende, cualquier práctica que involucre a esta baraja depende simplemente de quien la ejecuta. En otras palabras, como sucede en muchos ámbitos, el Tarot sirve para lo que tú creas que sirve.

No obstante lo poco que conocemos en concreto sobre el tarot, en su calidad de creación artística está sujeto a la influencia del inconsciente individual y colectivo. Sus imágenes, de belleza estética innegable, contienen una riqueza simbólica que nos ha cautivado por siglos. Es esa riqueza simbólica la que inspira tantos mitos sobre su origen e incentiva la imaginación de charlatanes, eruditos e iluminados.

Ya las primeras barajas conocidas representaba figuras y valores reconocibles para todos los estratos de la sociedad (arquetipos!) por lo que los historiadores concuerdan en que debió utilizarse con fines pedagógicos además de ser ucharles_el locon mero juego de mesa.

Los 22 triunfos (o Arcanos Mayores como se les llama en la literatura esotérica) presentan personajes e ideas propios de la realidad medieval, tales como el emperador, el papa, el mendigo, o la rueda de la fortuna, así como alegorías del cristianismo como la torre de babel,, el juicio final, etc.

Desde la perspectiva de psicología analítica estos símbolos pueden ser vistos como una representación del principio de individuación, es decir, el proceso a través del cual nos convertimos en individuos y nos acercamos a nuestra autorealización.

En ese proceso de maduración, nos enfrentamos a las adversidades, a nuestros demonios internos y sorteamos toda clase de obstáculos; convirtiéndonos en los héroes de nuestras propias vidas. El tarot es entonces, una representación de ese “Camino del Héroe” interno.