¿Historia u Orígenes?

Los seres humanos nos sentimos fascinados por los misterios que no podemos resolver. Como sucede con un buen libro, en muchos casos ansiamos la conclusión de la historia, pero a su vez deseamos que nunca se acabe.

La historia del Tarot, por desgracia para nuestra vívida imaginación, ya está bastante resuelta. A pesar de ello, la fascinación por lo oculto nos lleva a seguir buscando conexiones con el antiguo Egipto, con los extraterrestres, con María Magdalena, con los templarios, y así una lista infinita de los supuestos «orígenes» del Tarot.

Destacamos la palabra «origen», pues es el concepto que usan quienes propagan ideas fantasiosas, para evitar hablar sobre hechos concretos (fechas, documentos) y deducciones lógicas.

No es el interés de esta sección hablar sobre el origen, sino sobre la historia cruda y factual. Es por ello que presentamos una cronología ajustada a la historiografía disponible.

Cronología del Tarot

Siglo XV: Nace el Tarot

Está bien establecido que los naipes españoles preceden al Tarot. Ya en el 1310 el gobierno de Barcelona prohibió los juegos de cartas, en uno de los primeros documentos que se conoce al respecto.

La primera referencia literaria a las cartas dei Trionfi (Tarot) es un registro escrito de 1440, de la Corte de Firenze. Este registro coincide con la data de la baraja de Tarot más antigua que se conoce: La famosa «Visconti-Sforza». Comisionada en 1451 por Filippo Maria Visconi, Duque de Milán y por su sucesor y yerno Francesco Sforza, su composición visual tiene una notoria correlación con los diseños de barajas posteriores. Se conservan fragmentos de 3 barajas «Visconti-Sforza» en distintos museos y bibliotecas en el mundo.

Todas las referencias de esta época indican que el Tarot fue sólo utilizado como un juego de mesa con una fuerte componente didáctica.

 

Siglo XVII: El Juego del Tarot se propaga por Europa.

Aparecen las famosas cartas llamadas «de Marsella». Esta denominación corresponde más bien al patrón común que poseen todas las barajas de Tarot de la época en Francia y no a una baraja en particular, como aseguran comerciantes de barajas como Jodorowsky o Camoin. No obstante lo anterior, muchos historiadores hoy en día cuestionan el origen Francés de éste patrón, aludiendo a la Invasión Francesa a Piemonte y Lombardía en el siglo XVI. Desde allí los franceses pudieron haber tomado el juego mientras comenzaba a decaer en Italia.

Dentro de las versiones más conocidas de esta baraja se encuentran las siguientes:

 01-le-bateleur-noblet  1-vieville  i-dodal  bateleur-conver
 Tarot de Jean Noblet

(Paris c.1650)

 Tarot de Jacques Viéville

(Paris c.1650)

 Tarot de Jean Dodal

(Lyon 1701)

 Tarot de Nicolas Conver (Marseille 1760)

 

 

Siglo XVIII: Se asoma el ocultismo

piedra-rosetta

-1781; El pastor protestante Antoine Court de Gebelin, publica un ensayo llamado «El Mundo Primitivo» en el cual dedica un capítulo al Tarot. En él señala que la baraja es la representación pictográfica del libro del dios egipcio Thot. Señala además que el término «Tarot» deriva de las palabras egipcias Tar= realeza  Ro= camino, pudiendo traducirse entonces como «camino real». Lo curioso es que la piedra Rosetta (imagen a la derecha), que entregó la clave para descifrar el egipcio antiguo, fue descubierta 18 años más tarde que la publicación de Court de Gebelin. Las supuestas palabras Tar y Ro no tienen sentido para los estudiosos de la lengua egipcia. A pesar de ello, muchos libros de Tarot, aún hacen alusión a esta fantasía de traducción, como si fuese real.

A menos de 10 años de su publicación, un mercader francés, Jean Baptiste Alliette se encuentra con la descripción del Tarot de «El Mundo Primitivo» y ve en ella una oportunidad de negocios. Es así como el año 1791 publica el primer manual para utilizar el Tarot con fines adivinatorios. Así comienza una historia de más de 200 siglos de lucro a través de la taromancia.

Siglo XX: La Reinvención

En 1910, el poeta Arthur Edward Waite (miembro de la orden hermética de la Aurora Dorada) publica una baraja que diseñara él mismo. Esta baraja incluía un revolucionario cambio: las cartas de serie estaban representadas como escenas y no sólo con el dibujo de la serie, como hasta ese momento. Karen Hamaker-Zondag, estudiosa holandesa, especula que Waite debió tener en sus manos una copia de la baraja Sola-Busca.